Cada día más, bombardeados constantemente por nuevos conceptos, necesitamos comprender qué es lo que sucede a nuestro alrededor. Especialmente en las tendencias rápidamente cambiantes, donde ya nos encontramos inmersos en ocasiones sin haber tenido siquiera tiempo de ponerles nombre.

Esta era de atropellos digitales se remonta a la época del correo electrónico, aunque sin conexión a internet generalizada en los hogares el proceso era más paulatino. Pero, si miramos atrás no más de 15 años, nos han pasado por encima los teléfonos táctiles, las redes sociales, el teletrabajo y hasta el ayuno intermitente.

Hemos pasado de descargar ilegalmente series a suscribirnos a tres plataformas distintas. De dejar de comprar discos a pagar mensualmente por una aplicación musical a nuestro gusto. Y, en último término, de sentarnos a ver qué ponían en la radio a escoger podcast sobre cualquier temática, incluso planteándonos dejarnos dinero a cambio de contenido extra.

Suele ocurrir que todo llega antes en Estados Unidos. Y que casi todo se exporta desde allí. E igualmente, muchos conceptos acaban siendo nombrados en su nomenclatura inicial anglosajona, pasando a un segundo plano su definición en la lengua castellana.

Economía de acceso

Todos sabemos ya, por propia experiencia, que en época de crisis se tiende a gastar menos. Aunque dispongas de liquidez. Nunca sabes cuán profunda será la caída, por lo que buscas valores seguros. Y, en algún caso, ni siquiera eso. Tan solo lo justo para poder sobrevivir.

Pero quizá todavía no hemos sido conscientes en los países de habla hispana de un término que, si bien no alcanza a tener una traducción atractiva, sí representa una nueva era: la de pagar por uso, no por propiedad. Con todos los condicionantes positivos que ello implica.

La ‘Access Economy’ o los productos ‘As a service’ van a llegar a nuestras manos en 2021. Primero debido a que demasiada gente ha perdido gran parte de su poder adquisitivo y no podrá plantearse la adquisición de bienes y/o servicios. Segundo, porque muchas firmas históricas han tenido que pivotar en su modelo de negocio. Pero, por encima de todo, porque nacerá la primera plataforma mundial dedicada a este modelo: Simplr.io.

Podríamos llamarla ‘Economía de Acceso’ y sería fiel a los términos iniciales. Entre otras cosas, porque es esa palabra (acceso) a la que aspiran el 73% de las personas menores de 30 años. Acceso a experiencias. Acceso a vidas profesionales diversas. Acceso a novedades que puedas retornar antes de cansarte. Acceso a un ordenador cuando lo necesitas solo dos días y prefieres no comprarte uno porque el tuyo te lo has olvidado en casa y estás de viaje.

Barco a demanda

Pero también encaja ‘Economía a Demanda’. Lo que nos lleva a los nuevos escenarios de muchas compañías. La demanda de automóviles de alquiler para vacaciones en gente que no necesita coche en su día a día. La de niñeras, manitas o fontaneros en el mismo portal y con valoraciones reales. O hasta la de muebles porque nos hemos cansado de los nuestros después de un año y queremos dar un aire diferente a nuestra casa.

Sin embargo, aunque el nombre es muy importante hoy comienza a serlo más la realidad. La que nos dice que no queremos un vehículo que tenemos parado el 96% del tiempo. La que nos empuja a no hipotecarnos porque posiblemente queramos ser nómadas digitales. O, simplemente, la que nos sienta delante de una libreta a hacer números y nos evidencia los gastos fijos que ya afrontamos solo en suscripciones de las que hacemos (seamos realistas) menos uso del que querríamos.

Sea como sea la nueva era, al igual que las otras nos va a atropellar. Aunque, en esta ocasión, con una ventaja para nosotros: que ya dispondremos de un lugar que nos explicará lo que necesitemos en tiempo real, para convertirse en nuestra web de referencia.

Bienvenidos a Simplr.io.